Llevo un par de días en este estado de colapso. Colapsada quizás por tu culpa. En verdad, sin duda alguna, por tu culpa. Culpa que suena a chiste, por que en verdad es culpa tuya, y sientes culpa, pero no.
El punto, es que llevo unos cuantos días en este estado de colapso. Y tú te apareces como comerciales de teleserie, como cuadraditos de una hoja cuadriculada, como canciones en mi pendrive. Entonces, todo me sale mal, me sabe mal, me cae mal. Mal todo, como siempre y como nunca. Nada nuevo, porque estamos mal, y malos, dentro de alguna medida que se estableció por ahí.
Y bueno... me quedo embobada con los ojos abiertos, y nótese que digo "ojos abiertos" y no "mirando", porque en verdad no es mirar lo que hago, sino quedarme con los ojos abiertos. Y me quedo así y te pienso, todas esas veces que te apareces; me acuerdo de tí y de cuanto te quiero, y más de cuanto estoy odiándote.
Recuerdo cuando tu abrazo me levanta en puntitas, cuando te ríes tan seguro de ser tan niño a ratos, cuando dices cosas que me hacen sentir aún más boba y cuando todo esta mal. Recuerdo también un montón de cosas tuyas que sólo quedan en un punto suspensivo, porque son tan secretas ellas, que también gano un poco de culpa sólo con acordarme. Entonces te extraño, tonto; te extraño mucho y tanto, como se que tú ni idea tienes. Y la cosa sigue mal, caminando un par de cuadras al día, escuchando un par de canciones al día, recordando un buen par de cosas tuyas al día.
Mal, después de todo eso, saber que tengo rabia. Enojarme como corresponde, y resignarme como creo que tú me enseñaste. Y de ahí... un silencio tonto, como tú, de no hacer algo por esta nada, de no poder hacer ni hacerte algo. Entonces, sumamos otro punto suspensivo a la lista de cosas malas...